
Cinco profesionales del Colegio de Arquitectos se unen en este artículo para alertar de la fragilidad del patrimonio tras el derribo del remate del Taller de Automóviles obra arquitectónica de Luis López Díaz. Ovidio Macho, Hugo. A. Ventura, Manuel J. Feo, Magüi González y Alejandro García Medina

Encuentro de arquitectos junto a Luis López Díaz, autor del proyecto y obra del Taller de Automóviles de Miller Bajo, durante la demolición. | / SARA ALEMÁN
Ovidio Macho Mishal. Arquitecto y Decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria (COAGC)
La reciente demolición de la cubierta del edificio proyectado por el arquitecto Luis López Díaz en Miller Bajo no es un hecho aislado, sino el síntoma de una carencia estructural: la insuficiente protección de la arquitectura contemporánea como parte integrante de nuestro patrimonio cultural. Una arquitectura que, por su proximidad temporal, sigue siendo vulnerable a interpretaciones reduccionistas que confunden antigüedad con valor y obvian la calidad como criterio esencial de permanencia.
La arquitectura moderna y contemporánea forma parte del legado colectivo de nuestra sociedad. Es testimonio de una época, de una manera de pensar y de construir, de una respuesta técnica y cultural a unas condiciones económicas, sociales y territoriales concretas. Su pérdida empobrece no solo el paisaje urbano, sino también la memoria cultural compartida.
Desde el Colegio Oficial de Arquitectos de Gran Canaria, consideramos necesario reactivar el debate cultural en torno a la arquitectura como bien común. Un debate que no debe limitarse al ámbito profesional, sino extenderse al conjunto de la ciudadanía, a las administraciones públicas y a los agentes implicados en la transformación del territorio. La defensa del patrimonio arquitectónico reciente requiere conciencia, conocimiento y voluntad política.
Asumimos, como institución de referencia, nuestra responsabilidad en la defensa, difusión y preservación de la calidad arquitectónica y del legado edificado. Esta responsabilidad se concreta en la promoción del conocimiento, en la colaboración con organismos dedicados a la documentación y registro del patrimonio moderno y en la reivindicación de instrumentos normativos y preventivos que eviten pérdidas irreversibles.
La arquitectura contemporánea aún está a tiempo de ser protegida. Para ello es imprescindible reconocer su valor, documentarla rigurosamente y generar una demanda social que haga de su conservación una prioridad colectiva. Solo así podremos garantizar que las generaciones futuras hereden no solo edificios, sino también cultura, identidad y memoria.

Foto histórica extraída de la publicación ‘Informes de la Construcción Vol. 30 número 290’ del Taller de Automóviles de Miller Bajo. | COAGC
Hugo A. Ventura Rodríguez. Doctor Arquitecto y Profesor de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas.
El pasado 21 de noviembre, el profesor y doctor arquitecto Luis López Díaz impartió, en la escuela de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas, una magnifica charla sobre su obra construida, obra que se extiende desde la década de los setenta hasta los primeros años de este siglo. Su actividad profesional se dedicó fundamentalmente a los proyectos hoteleros en el sur de nuestra isla, Gloria Palace, Santa Mónica, Barbacan, Anfi, etc., si bien realizó interesantes proyectos residenciales y algunos edificios industriales.
Una de las primeras obras realizadas por López Díaz fue en el ámbito industrial, el Taller de Automóviles de Miller Bajo para la Viuda de Peñate Medina, edificio desgraciadamente demolido hace escasos días. Esta obra, de una más que evidente calidad arquitectónica, destacaba especialmente por su cubierta de hormigón: doce paraguas de hormigón armado que el lector probablemente pueda identificar, por su similitud formal, si le refiero a las marquesinas del arquitecto ingles Norman Foster para las gasolineras de Repsol.
En el taller de Miller Bajo, López Díaz proyectó una cubierta de 3000 metros cuadrados que solo necesitaba 12 columnas para sostenerse, sin duda la perfecta solución para un taller de automóviles al disponer muy pocas columnas para facilitar el movimiento de los vehículos.
Cada columna era el sustento de un «paraguas» de 18,5 x 18,5 metros de lado. Esta cubierta de hormigón armado tenía un espesor de solo cinco centímetros. ¿Cómo es posible esta proeza? La respuesta es utilizar una estructura con una forma estructuralmente óptima: el paraboloide hiperbólico.
El paraboloide hiperbólico es una estructura mecánicamente muy resistente por adecuar su forma a los esfuerzos mecánicos. Es una lámina de hormigón cuya superficie curvada es anticlástica, esto es de doble curvatura (una curvatura hacia arriba y una curvatura hacia abajo), y reglada, esto es, está constituida por rectas en dos direcciones, lo que facilita su construcción al posibilitar el uso encofrados con tablas rectas de madera.
Antonio Gaudí, el célebre arquitecto catalán, ya utilizó el paraboloide en la Sagrada Familia y en el Parque Güell, pero sin duda otro gran arquitecto español es la referencia mundial en el uso de láminas de hormigón de doble curvatura, Félix Candela Outeriño, nacido en Madrid en 1910 y exilado en México tras la guerra civil española. Félix Candela revolucionó el uso del paraboloide hiperbólico creando estructuras elegantes, resistentes y económicas. Invito al lector a consultar las imágenes de obras este arquitecto, obras como el Restaurante Los Manantiales (1957-58), la Iglesia de la Medalla Milagrosa (1953) o las cubiertas de la estación de servicio Great Southwest (1958) en Dallas.
La cubierta de Miller no fue la única lámina proyectada por López Díaz. Antes había construido una fábrica para Kalise en Jinámar y posteriormente las cubiertas de los salones sociales del Club Natación Metropole, entre otras. Recomiendo al lector visitar la cubierta de la Talasoterapia de San Agustín o el hotel H10 Meloneras, espectaculares estructuras laminares de este arquitecto. Estas obras que aún están a tiempo de ser protegidas para evitar su demolición.
Manuel J Feo Ojeda. Doctor Arquitecto y profesor de Proyectos Arquitectónicos en la ULPGC.
La demolición de la sede original de Genial auto (Citroën) a manos de Domingo Alonso Group, obra del arquitecto Luis López Díaz, expresa la confusión de nuestra sociedad que en términos arquitectónicos, confunde edad con valor. El criterio del tiempo enfrentado al criterio de la calidad como garantía del derecho de persistir.
Se consuma así otra perdida irremplazable de una pieza arquitectónica excepcional pero, tristemente, no afectada de ninguna protección normativa.
Cualquier ciudad estaría orgullosa de poseer un edificio así, pero nosotros asistimos paralizados a su desaparición repentina. Y no se puede decir que no se dieron señales…
Ya la intervención de actualización del programa de la arquitecta Evelyn Alonso fue una acción, en el límite casi desesperado, de reivindicar la capacidad de este edificio de recibir demandas programáticas nuevas sin entrar en conflicto con su fisicidad espacial tan característica.
Pero finalmente, tuvimos conocimiento de lo inevitable… Y junto con su autor, Luis López, varios compañeros arquitectos y ciudadanos tuvimos la triste experiencia de asistir a su paulatina desaparición.
Este edificio contenía un regalo: un interior topográfico materializado por una cubierta perforada por huecos de vidrio de 20 x 20 centímetros que conformaba una constelación luminosa ciertamente emocionante.
Herido y exhibiendo su interior, una vez desaparecido el velo de su fachada y en esa condición suspendida de demolición parcial, con ese secreto mostrado impúdicamente al exterior, me consuela pensar que toda obra en el momento de su destrucción es, de alguna forma, idéntica al momento de su construcción.
Las armaduras arrancadas, las aristas melladas, las heridas infligidas y la ruina provocada, no borrarán de nuestra memoria esta obra emocionante que formará parte de ese Olimpo de las obras arrebatadas por intereses cortoplacistas. La Pagoda de Miguel Fisac, la casa Guzmán y la casa Dr. Arce de Alejandro de la Sota y tantas otras, la acompañan ahora.
No quiero dejar la oportunidad de señalar que existían otras alternativas para conservar esta pieza arquitectónica e intensificar el valor del resultado integrándola en las nuevas demandas de la propiedad, pero no se ha querido o no se ha sabido apostar por esa vía.
También hay que mencionar que la memoria de la buena arquitectura tiene la capacidad de generar un espacio poético propio, capaz de sustituir en nuestro recuerdo la realidad que tristemente la sustituirá.
Magüi González. Arquitecta y miembro de la Comisión Técnica de Docomomo Ibérico.
La Fundación Docomomo Ibérico tiene como objetivo estudiar, documentar y registrar las obras relevantes del Movimiento Moderno para fomentar su reconocimiento, conservación y protección. Sus patronos son mayoritariamente los Colegios de Arquitectos de España, entre ellos el de Canarias.
El primer registro abarcó el periodo 1925–1965, con 166 edificios documentados en toda España, ampliándose posteriormente hasta 1975 y alcanzando en la actualidad un total de 2.438 obras registradas de la arquitectura moderna del siglo XX, accesibles en la base de datos que posee Docomomo. Este trabajo se complementa con publicaciones, seminarios y congresos que sostienen el debate teórico necesario para su protección.
En Canarias hay 52 obras de nivel A (relevancia nacional o internacional) y 23 de nivel B (importancia local). Entre ellas destacan la fábrica de tabaco La Favorita de Manuel de la Peña, la refinería de Tenerife de Marrero Regalado, la colonia ICOT en Ciudad Jardín o las viviendas de Rubens Henríquez en La Laguna.
En equipamientos sobresalen el centro de rehabilitación Ramón y Cajal de Díaz Llanos y Saavedra o la Clínica Queen Victoria de Manuel Roca. Recientemente se han incluido también jardines y espacios exteriores, como la Plaza de la Feria.
Las obras registradas deben mantenerse vivas y sin alteraciones graves. Sin embargo, el taller de Domingo Alonso en Miller Bajo, obra de Luis López Díaz en los años 70 del pasado siglo, ha sido demolido, perdiéndose la oportunidad de su registro. Docomomo no tiene poder ejecutivo, pero sí aporta la documentación necesaria para que los ayuntamientos protejan estas obras.
Muchas arquitecturas modernas, especialmente equipamientos turísticos del sur de la isla como Jardín del Sol o El Portalón, siguen sin protección y corren el riesgo de desaparecer, como ya ocurrió con el Hotel Oasis de Corrales, Molezún y Manuel Peña, gravemente alterado hasta perder su identidad original.
Alejandro García Medina. Arquitecto especialista en Patrimonio Histórico.
Se repite que el patrimonio cultural está en riesgo y pensamos en edificios de hace siglos. Pero en ocasiones como esta, descubrimos que la mayor vulnerabilidad la tiene el patrimonio más reciente, aquel que aún no ha sido valorado.
Ya en 1991, el Consejo de Europa atendía a la arquitectura del siglo XX, como una parte indispensable del patrimonio europeo, cuya pérdida sería irreparable.
El Memorándum de Viena de 2005, sobre la Arquitectura Contemporánea, pone énfasis en la conexión emocional de los ciudadanos a su paisaje y ambiente urbano, en tanto que aportan un sentido de pertenencia e identidad cultural que redunda en nuestra percepción de la calidad de la vida.
El Documento de Madrid, de 2011, sobre Conservación del Patrimonio Arquitectónico del siglo XX, desarrolla la necesidad de implementar su identificación. Dice: «El patrimonio arquitectónico del siglo XX está en peligro debido a la falta de apreciación». Entre sus reflexiones, plantea la necesidad de que las autoridades responsables del planeamiento y el patrimonio desarrollen medidas preventivas.
Conocimiento, documentos, recomendaciones y leyes no faltan. La Ley de Patrimonio Cultural de Canarias, de 2019, dispone de las herramientas. Solo necesitamos generar un estado de conciencia pública. Será la responsabilidad de todos los agentes culturales, profesionales y ciudadanos en general, el hacer de la defensa de nuestra valiosa arquitectura contemporánea una verdadera demanda social.
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